porque cuando debió no acompañó.
Decidió dejar brillar el sol demasiado tarde,
o demasiado pronto, según se vea.
El invierno pasó hace mucho,
pero mis huesos siguen calados de frío
buscando unas manos que los calienten.
Quizá nuestras bocas,
ávidas de besos en algún tiempo,
se olvidaron de decir lo esencial de tanto usarlas.
Y cuanta menos ropa llevo,
cuanto más oscuro está,
cuanto más pienso en mi cuello,
en mis hombros,
en mi espalda,
más te recuerdo.
Quizá necesitábamos un abrigo más gordo,
quizá nuestro amor era solo un viejo plumas agujereado que nadie cosió
y que no nos ocupamos de cuidar.
Quién sabe si encontraré un bañador de mi talla el próximo invierno,
o si sus colores me producirán la misma sensación que tus manos por mi piel.
Volver sería un suicidio, si,
tan loco como ir desnuda en diciembre,
como llevar doce capas en verano,
pero al fin y al cabo, volveríamos a aquel viejo plumas raído que tanto calor nos dio una vez.
C#
No hay comentarios:
Publicar un comentario